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martes, 31 de agosto de 2010

Viñedos y bodegas CAMPOS DE SOLANA

Los viñedos y las bodegas de Casa Real y Campos de Solana muestran los misterios de la vid. Sus secretos se guardan y maceran en las barricas, donde yacen vinos y singanis bolivianos.

El sol dora las cepas de uno de los viñedos más altos del mundo, a 1.800 metros sobre el nivel del mar. Mientras, el viento se mece suave entre los parrales de la localidad de Santa Ana la Vieja, en la provincia tarijeña Cercado.

En la savia de las dentadas hojas de las vides circula una historia familiar, una obra de titanes levantada con lágrimas y risas. El gestor de la hazaña es Luis Granier Ballivián, quien hace 20 años inyectó esmero y cariño a su industria vitivinícola, hoy llamada Sociedad Agroindustrial del Valle (SAIV).

Todo comienza con la uva. En marzo, los tonos verdes con visos oro y los azabache con jaspes lilas adornan las 150 hectáreas de tierra y 140 manos, entre ellas las de María Tórrez, recogen los racimos para llevarlos luego a las bodegas.

De la uva hasta el vino

La historia más reciente de los vinos tarijeños recomenzó en el año 2001. Cuando el valle vivía la tradicional vendimia anual, en el kilómetro nueve y medio sobre la carretera hacia Bermejo, una nueva opción aparecía. Se inauguraba la bodega de Campos de Solana.

Desde entonces, los frutos de las diferentes variedades de la vid llegan a ella para después transformarse en vino. Cada mes ingresan 18.000 quintales de uva. “Es que la industria crece cada vez más”, comenta Jorge Alcoreza Lara, gerente general de la conocida empresa.

Dentro de la bodega, en un inmenso galpón, once trabajadores se alistan para hacer el vino. Tras el acopio, saben que pasarán por lo menos cuatro meses antes de que puedan llegar a ver las botellas de vinos blancos y las de tinto de mesa. Pero eso es poco tiempo. Para la obtención de las variedades más sabrosas y aromáticas se tiene que esperar entre uno y dos años.

En el ambiente flotan los olores que emanan de 40 tanques, con un contenido de 900.000 litros de vino en diferentes procesos de fermentación. En una esquina de la infraestructura yacen, una tras otra, las barricas de roble francés que van añejando la bebida. En otra, entretanto, descansan las máquinas que dejaron atrás el pisoteo de la uva.

Un fuerte sonido pone en movimiento la bodega. Los dedos más que morenos de

Régulo Maras Villa colocan cientos de racimos oro sobre una cinta infinita. “Es la mesa de elección”, explica el operario.

La cinta avanza, sacude los racimos separando las impurezas de las cepas y se encamina a la molienda, donde otra máquina desgrana ya las uvas. “Los granos son partidos y se deja el esqueleto pelado”.

Las verduscas cepas son trituradas y un zumo como blanquecino cae a un compartimiento. En cambio, si lo que se introducen son las uvas negras, piel y jugo pasarán al otro cubículo de donde nacen largas y gruesas mangueras que en un único impulso aspiran la sustancia para llevarla hasta los tanques. Aquí, el mosto se convierte en vino.

Empieza entonces el proceso de fermentación, que consiste en transformar el azúcar en alcohol.

Para ello, en cada tanque se controla automáticamente la temperatura necesaria para que se generen los aromas. “Los vinos blancos se fermentan a una temperatura de 12 a 15 grados y los tintos a unos 25”, cuenta Alcoreza.

Se precisa una media de cinco días para que los vinos blancos y los tintos de mesa fermenten. Los varietales deben estar en los tanques de diez a doce días. Tras este período los jugos de uva pasan a la prensa y se eliminan las borras.

Es tiempo de la clarificación. Gracias a un sistema especial de los tanques de fermentación, los líquidos se filtran dos o tres veces y se les somete a una sesión de frío.

“Cinco grados bajo cero durante 15 días hacen que el líquido se estabilice. Por eso, un vino puede estar más de tres años casi intacto”.

En esta parte del proceso, los vinos de guarda aún no están listos para satisfacer el paladar. Falta el toque final, en 40 barriles de roble.

Dentro de cada barrica duermen 225 litros de vino que evolucionan debido a la porosidad de la madera. Por dentro, el roble está tostado. Eso hace que el líquido adquiera sabor a frutas, madera y especias, sin sustituir al de las uvas.

Cada barril tiene una vida útil de cinco años y cuesta 700 dólares. Eso, más el tiempo de guarda y los cuidados, constituye una de las razones para que los varietales sean más caros que los vinos de mesa. “Los vinos blancos jóvenes descansan en los barriles tres meses y los tintos seis. A los varietales se les deja de un año a dos”, explica el enólogo Nelson Sfarvich Ruiz.

Durante ese tiempo,

el profesional pone a volar sus sentidos varias veces a la semana, observando y probando el vino de las barricas, a fin de determinar si éste ya está en su punto. “El análisis del vino más la cata determinan si está listo”.

Es momento de colocar el fruto de la vid en una cisterna acondicionada, que lo lleva a la planta de embotellamiento de Casa Real.

El vino y la salud

Dicen que el vino, en moderadas dosis, aleja los males del alma y espanta también algunos del cuerpo.

Y algo tiene de cierto. Varios estudios han comprobado que una copa de vino al día, en especial del tinto, es beneficiosa para la salud. Por su concentración de táninos, la materia colorante y astringente del jugo, el vino combate eficazmente los problemas cardiovasculares.

También contiene antioxidantes, que ayudan a evitar la trombosis, los infartos y el temido cáncer.

El cardiólogo Antonio Maldonado Ayoroa, que está muy al tanto de las investigaciones, está de acuerdo con que el vino tiene una acción antioxidante. “Sirve para la prevención primaria y secundaria de las enfermedades cardiovasculares. Además, se suministra a las personas con familiares con cáncer”.

Eso no es todo. El estómago también goza de algunas de las cualidades curativas del bajativo.

El gastroenterólogo Dante Tejerina Valle advierte que “aunque no es una solución, el vino colabora en las digestiones más pesadas”.

“El vino actúa produciendo una mayor secreción de ácido clorhídrico, que es el encargado de diluir los alimentos. Hace que el bolo alimenticio se lubrique y de esta forma su paso al intestino sea fácil”.

El sabor del singani

Después de lo visto y de conocerse el proceso, está claro que el vino es una de las bebidas preferidas por los mejores paladares. Pero no es la única. En Bolivia, el singani, elaborado igualmente con la uva, goza de una aceptación generalizada. Escape también se acercó a su historia.

Corría el año 1550 cuando los misioneros Agustinos iniciaron la viticultura boliviana. Fue en Singani, un pueblo de Potosí, donde comenzaron a destilar una bebida con alto grado alcohólico. Con el paso del tiempo fue perfeccionada, hasta arrancar el sabor y aroma de la uva. Desde entonces se conoce al destilado como singani.

A 18 kilómetros de la capital chapaca, donde están las instalaciones de SAIV, también tiene su centro de trabajo Casa Real, empresa conocida por sus singanis.

En él se seleccionan las uvas de la variedad “Moscatel de Alejandría”, cepas que proceden del sur de Francia y que ahora se cultivan con éxito en los viñedos tarijeños.

Una vez al año, Casa Real acopia la materia prima. Entonces, más de 80 mil quintales de uva entran en una piscina dividida por un inmenso tornillo plateado. Cuando éste gira, las uvas pierden su forma y ofrecen así su jugo.

Luego, los tanques de fermentación, capaces de guardar hasta 150 mil litros, esperan la llegada de la pulpa y las semillas de la fruta.
Allí, la esencia fermenta de cinco a 21 días y es destilada una y otra vez en cinco alambiques de cobre importados, donde se guarda el singani que alcanza un grado alcohólico del 71 por ciento.

Con todo, al producto final se le baja el contenido alcohólico hasta los 40 grados. Esto se consigue con el agua de manantial de las diferentes vertientes de los Andes.

Mientras, el sabor está en manos del tiempo, pues se lo añeja de dos a tres meses en tanques de acero inoxidable antes de ser embotellado. Tras este paso, el singani está listo.
Pese a que la fermentación es lo indispensable, todo sería una locura sin el correspondiente embotellado. Casa Real y Campos de Solana lo realizan en una misma planta.

El proceso es bien sencillo. Primero una máquina se encarga de lavar y secar las botellas de vidrio, que viajan en una interminable fila hasta colocarse debajo de unos embudos. De ellos, se desprende un chorro líquido que llena la botella.

En segundos, una tapa cuadrada o un corcho hace de coraza frente a la adulteración del sabor de los tan cuidados licores. Para mayor garantía, otra tapa de seguridad y un timbre sellan la botella.

En un pestañeo la máquina coloca una etiqueta en el cuerpo del envase. Las negras, rojas o azules hacen referencia a la calidad de las uvas que se usaron en la elaboración del singani. Las beige informan sobre la cosecha y la variedad de uva que se convirtió en vino.

Finalmente, grupos de seis botellas son revestidas en plástico para iniciar el viaje al interior del país. Y en La Paz, Cochabamba y en Santa Cruz les espera D&M, la empresa distribuidora autorizada.

BODEGAS Y VINOS KOHLBERG

Un cepaje es una variedad de uva con características únicas en cuanto a formato y color de la baya, de la hoja, del racimo, etc. Debido a estas características, cada cepaje genera un vino de una tipicidad propia, de alguna forma identificable en el aroma y en el sabor.


A los vinos que llevan en su composición un solo cepaje, se los denomina vinos varietales o monovarietales, y llevan en su etiqueta el nombre del único cepaje con que son elaborados. Sin embargo se permite que estos vinos puedan tener otros cepajes mezclados, siempre que por lo menos el 80% del vino sea del cepaje que figura en la etiqueta de la botella. Si el vino es elaborado con el 100% de la misma variedad, se le da el nombre de “varietal puro”.

Los vinos de corte, también llamados genéricos, son vinos elaborados con dos o más tipos de uva. Estos vinos, dan la posibilidad al enólogo de mezclar diversos tipos de cepajes en la elaboración de un vino, es darle la oportunidad de jugar con las características únicas de cada uva para poder llegar a un resultado más equilibrado. Hay cepajes que aportan más color, otros que aportan más estructura, otros que vuelven el vino más delicado, etc. Es un verdadero arte que manejado adecuadamente permite llegar a un final maravilloso.

Si con los vinos de corte se consigue más equilibrio y armonía, con los vinos varietales se obtiene la posibilidad de apreciar integralmente las características de una sola uva.

Nuestra bodega produce ambas clases de vino:

Varietales Tintos:

• Cabernet Sauvignon.

• Syrah

• Malbec

• Barbera

Bodegas y Viñedos de La Concepción S.A.

Bodegas y Viñedos de La Concepción S.A., es una empresa vitivinícola situada en la localidad del Valle de La Concepción, a 27 Km. de la ciudad de Tarija en el sur de Bolivia.



El lugar donde están ubicados los principales viñedos perteneció originalmente a don Luis de Fuentes y Vargas, fundador de la Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa. Luego estas tierras fueron transferidas a don Juan José Fernández Campero y Herrera (Marqués de Tojo), que posteriormente dono a la orden de los Jesuitas a principios del siglo XVIII. Hoy en día la empresa conserva en su Hacienda La Compañía, plantas de vid que tienen más de 200 años y que crecen enroscadas a los molles, un árbol típico de la región.



En 1949 la hacienda pasó a pertenecer a la familia Pinedo, a la que se asoció en 1978 Carlos Prudencio Pinedo y su familia. Las familias Pinedo y Prudencio construyeron una bodega moderna cerca de los viñedos, importaron estacas de vid de 20 diferentes variedades de Estados Unidos de América y de Francia, marcando así el inicio de la era de los vinos varietales de Bolivia.



Hoy en día, la bodega tiene una capacidad de 2 millones de litros para la producción de vino y singani, y tres propiedades en la zona con 75 hectáreas de viñedos a una altura que fluctúa entre 1.700 y 2.100 metros sobre el nivel del mar.



Tras haberse capitalizado en junio de 1999, actualmente BVC S.A. es una sociedad con cerca de 20 accionistas que cotizan sus valores en la Bolsa Boliviana de Valores. El ingreso de nuevos socios a la firma en el año 1999 significó la transición a una empresa corporativa, donde los socios originales aportan su conocimiento del negocio y los nuevos inversionistas aportan recursos financieros y mucha capacidad empresarial.



En toda esta larga historia de Bodegas y Viñedos de La Concepción S.A. se debe destacar el proceso de permanente innovación de la compañía. Los vinos La Concepción fueron los primeros vinos varietales nacionales, los cuales salieron al mercado en el año 1991. Luego en 1994, al mismo tiempo que se empezó a incursionar en los mercados internacionales, la bodega presentó sus vinos reserva, una selección de los mejores vinos que por sus características son ideales para su añejamiento en barricas de madera; hasta el día de hoy, los únicos vinos reserva bolivianos.



El año 1999 marca un hito para BVC S.A., puesto que ese año se lanzó la línea de vinos Cepas de Altura de La Concepción: la máxima expresión de lo que se puede lograr con los vinos de altura; un éxito de mercado indiscutible. El turno para demostrar las capacidades del singani, “destilado nacional por excelencia”, llegó en 2001 cuando BVC S.A. presenta Tarixa, Singani Añejo de Rujero, un fino destilado de uva añejado durante siete años en barricas de roble francés, al estilo de los mejores cognacs de Francia.



En diciembre de 2003 La Concepción presentó su Colección "La Concepción es Arte", una nueva línea de vinos cuya presentación se basa en los cuadros del artista nacional Mamani Mamani. Con esta imagen totalmente moderna para un vino, BVC no sólo quiso aparejar la calidad de sus vinos con las obras de arte de este destacado pintor, sino reforzar su imagen de innovadores dentro de la industria vitivinícola nacional.



En Abril de 2004 se presentó al mercado el producto cumbre de la vitivinicultura nacional: La Concepción, Cepas de Altura Gran Reserva 1994. Un vino que nada tiene que envidiar a los mejores vinos del mundo; con más de 10 años de añejamiento, es una muestra del potencial que tiene BVC S.A. para producir grandes vinos.



El 2005 renovamos la colección “La Concepción es Arte” con la presentación de seis fotografías de diferentes regiones de Bolivia, tomadas por el reconocido fotógrafo Cruceño Enrique Menacho.



La edición de La Concepción es Arte 2009 es denominada “Colección Ángeles y Arcángeles” y representa un homenaje de nuestra bodega a esta etapa de la cultura de Bolivia, expresada en cuadros icónicos de artistas coloniales, con la temática de ángeles y arcángeles que forman parte de la colección del Museo Nacional de Arte de Bolivia.

vinos de altura de Bolivia

La uva en Bolivia tiene precedentes desde el año 1500. Los viñedos ingresaron al país a través del Perú, las primeras plantaciones fueron realizadas en la población de Mizque en Cochabamba y luego se extendieron hasta Chuquisaca.




En 1606 los religiosos jesuitas y agustinos realizaron las primeras plantaciones de uva en el departamento de Tarija.



La primera industrialización de la vid en el país se inicio en Camargo ubicada en el departamento de Chuquisaca, con la fabricación del singani que a diferencia del vino es sometido a un proceso de destilación.



Los primeros vinos fueron elaborados en Mizque, lugar que era sede arzobispal durante la colonia y la bebida era utilizada en las celebraciones católicas.



Durante la década de 1970 comienza el proceso de industrialización del vino, instalándose la industria en el departamento de Tarija, produciéndose inicialmente vino común tinto y blanco.



En la ultima década se realizaron importantes inversiones para traer al país las mejores variedades de vid, produciéndose actualmente variedades de vino tinto como Cabernet Sauvignon, Malbec, Barbera y Merlot; en vino blanco se tiene Riesling, Franc Colombard y Chardonnay.



Tarija esta lejos de las latitudes del planeta en las que la vid entrega sus mejores azucares para la producción del vino y muy por encima de las alturas en las que la mata produce a gusto.



La producción vitivinícola del planeta se encuentra concentrada entre los 30 y 50 grados de las latitudes norte y sur. Tarija se encuentra fuera de esa franja entre los 21 y 23 grados del hemisferio sur y a una altura que esta entre 1.600 y 2.400 metros sobre el nivel del mar.



Tarija es la zona más apta de Bolivia para el cultivo de vid teniendo un rendimiento de 6,80 Tm/Ha.(Toneladas métricas sobre hectárea), seguido por Chuquisaca con 5,81Tm/Ha.



Tarija y Chuquisaca son los mayores productores de uva en el país, de la producción total de uva del departamento de Tarija un 15% de la producción corresponde a la uva negra varietal y el resto a la uva blanca moscatel y moscatel de Alejandría.



El sector vitivinícola es muy importante para la región dado que emplea en forma directa a más de 20 mil personas y más de 3.500 familias dependen del sector por cuanto trabajan y su principal medio de subsistencia es la producción de la vid en todo el valle central tarijeño.